Camino a Casa
“Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo.”
Jorge Luis Borges
“Vosotros sois dioses y haréis cosas más grandes que yo”
Jesús de Nazareth
Camino a casa
Si sientes que te abruma la carga de los días iguales
y te asfixias de tedio frente a las evidencias inmediatas,
y sueñas que los sueños no son más que fantasía,
y dejas de creer en el maravilloso
poder de la palabra,
y supones que todo será eterno,
sencillamente estás equivocado.
Eso es pura ilusión.
Fantasmas que dibuja una mente prisionera de la noche
sobre el pergamino de tu alma
cuya última esencia es la ignorancia.
Las cosas son así:
no se entiende un Copérnico
sin que hubiera existido un Ptolomeo.
La vida son círculos concéntricos en perpetua expansión
que se organizan como ciclos superpuestos
igual que nervaduras en los árboles.
Los ciclos de esos ciclos los determina el tiempo,
ese magma insondable en el que fluyen los seres y las cosas.
Es decir que estás equivocado
cuando le otorgas excesiva importancia
a lo que ocurre al lado tuyo,
o tú crees que ocurre porque así lo perciben
unos sentidos torpes, disminuidos,
adormecidos por la fiebre tecnológica.
Pero tú sabes, porque ya lo has visto,
que todo nace y muere para nacer de nuevo.
Amaste, has sido amado,
te protegieron y te abandonaron,
has sido víctima y verdugo,
perseguidor y perseguido,
homicida y cadáver.
Y nada de eso ha logrado separarte
de ti mismo, criatura atribulada,
porque te han programado en el origen
para encontrar las señas del camino
cuando fuere necesario que regreses.
Y, aunque te resistas a creerlo,
a pesar de que a veces te parece
que te ahogas en las aguas feroces de este tiempo
-que si recuerdas bien ya fue anunciado-
ha llegado el momento del retorno.
Ya hemos doblado el lomo del libro de los días.
Vamos camino a casa.
Divina voz
Sácate de los hombros la mochila de miedo
que te han ido cargando desde niño
con la letra que mata del mandato.
La estructura simbólica del mundo
que han proyectado en tu mente esas palabras
-¡ah palabras, mágicas palabras!-
no es más que un espejismo en el desierto.
Han sabido vendértela ancestral,
pero en verdad te digo que es apenas
un ínfimo suspiro del corazón del cosmos.
Exhala largamente el aire aculado en tus pulmones
e inspira ese alimento primordial
que la gracia universal te ha concedido.
Cuando logres vaciar el cuenco prodigioso
de tantas ignorancias que han perdido sentido
fluirá cristalina el agua milagrosa
del conocimiento verdadero.
Ya has visto demasiado la evidencia
externa de la vida,
Ahora debes regresar a la caverna
para poder apreciar con claridad
la unidad primigenia de todos los opuestos.
Entonces escucharás tu propia voz
cantando una canción de indescriptible
belleza y armonía.
Esa es la voz de dios.
Poder
Lennon te preguntaba si podías
imaginarte un mundo sin posesión alguna
y aún no le has dado una respuesta.
Todo es ilusión
menos el poder
sobre ti mismo.
Las cosas, los demás,
son los espejos sobre los que te miras.
El cristal incandescente de la tierra,
el fuego que nunca se consume
y la grácil dama de la noche,
son tus tres alimentos necesarios.
Deja que la tormenta limpie el aire
y entrégate al poder del agua universal.
La hora de la desilusión
Esta es la hora de la desilusión.
Eres un prisionero de las cosas
que crees ver fuera de ti.
Eso es lo que encadena tu conciencia
y te pone a merced de los demonios.
Eso es lo que te ancla en la niñez
como a una esfera fija en el río del tiempo.
El tiempo es infinito en el instante,
como dijo el de Efeso
y en el fluye la sangre de tu sangre.
Lo que es fue y será,
pero siempre en distintos estados y frecuencias
girando sobre un eje que se expande
hasta regresar a la unidad.
Esta es la hora de la desilusión.
Tienes que domar tus pensamientos
y ponerlos en línea con ese orden sagrado.
Cada uno es un templo profanado
por los siete jinetes
montados en las bestias del espejismo humano.
Esta es la hora de la desilusión.
Tu libertad consiste en descubrir
lo que te corresponde en este juego.
La radiante energía
te indicará, sin duda, el camino a seguir.
Ahora eres tu padre
Has aprendido todo lo que sabes
a partir de las ideas de los otros.
Ha sido necesario
para llegar aquí
y comprender que saber es recordar.
Sus mentes te proyectaron con amor y con odio,
con sapiencia y prejuicios,
con premios y castigos,
porque no conocían otra cosa.
Todo eso es arcaico.
Ahora eres tu padre.
En las reminiscencias de tu alma
está la información que necesitas
y más aún. Y más. Y más.
La tos
“Ciento cuarenta y cuatro
es el número de la conciencia”
dice la voz que te habla desde la yema de los dedos
cuando buscan los signos de las interrupciones
bruscas de la lengua
hasta que se acaricien la niña
de los ojos como ¿qué?
Otra vez la traba que te traga,
te ahoga, te sofoca, te desplaza del eje de tu alma
y hace que te imagines desamado.
Pero ¿a quien le interesa todo esto?,
te preguntas, sin sospechar siquiera qué cosa
se atesora cuando uno no quiere sino ser la palabra
de quién o de qué cosa estábamos hablando.
Un dialecto de barbitúricos para escribir insensateces
brotará de tu lengua si no escuchas
lo que te estás diciendo desde hace tanto tiempo
y no terminas de creerte como un necio.
Escríbete tu historia con minuciosa letra
y paciencia de monje tibetano
hasta que te sorprendas del misterio
que se esconde en la esencia de tus células.
Allí está todo lo que seas capaz de imaginar
en la suma de todos los sueños de tu vida.
Nada existe en el mundo si antes no estuvo en ti.
Ninguna novedad te llegará de afuera
si no estás preparado para recibirla
en el fondo de un corazón agradecido
a tanta maravilla
que navega en el tiempo
en busca de su propia perfección.
Observa las estrellas, y no dejes de hacerlo
hasta que puedas escuchar el divino susurro
de las danzantes esferas.
Es la clave secreta para abrir las compuertas del silencio
y dejar que se esfumen los fantasmas
que conseguir supimos en tantas estaciones olvidadas.
Un número que abriga la luz de las estrellas
y el movimiento eterno de los astros azules
y la temperatura de los muslos de la que te completa
mente arrulla cuando el rayo que parte te hipnotiza.
Pronuncias esa cifra y se abre tu garganta,
se ensanchan tus pulmones, te afirmas en la tierra,
se alistan en la línea de largada los pingos pensamientos,
la popular estalla de entusiasmo
pero entonces la tos.
La tos que te traiciona.
La tos que una vez más te sacrifica
en la hoguera de la autodestrucción.
Y el juego no termina jamás, ya lo sabemos.
Lo innombrable
Lo que no puede nombrarse
es la poesía.
El poema es el número
indispensable de palabras
capaz de contenerla y exaltarla
a través de su esencia
de energía lumínica.
El poeta el guerrero
espiritual infatigable
que busca en el mar de los instantes
su aliento prodigioso.
No busques esa luz fuera de ti:
arde en tu alma
como lo hacía en la noche de los tiempos
y arderá para siempre.
Para siempre jamás.
Ver para creer
No vemos las cosas como son
porque las cosas no son como se ven.
Vemos las cosas como somos
y no somos solamente lo que vemos.
Los ojos de la mente siempre ven más lejos
y qué decir de los del corazón.
Ver para creer
dicen la mente ciega y el alma
atribulada por la forma exterior de la materia.
De tanto ver la manifestación
temporal y espacial de la energía
te hundes en un pantano de tinieblas.
Ego te absolvo
No hay crimen ni pecado,
no hay culpa, no hay arrepentimiento,
no hay juicio al principio o al final
no hay otra cosa que campos resonantes
en los que la energía se vitaliza
para cumplir su ley.
Absuélvete
y emerge hacia las nubes
como un halcón de deslumbrante luz.
Ego te absolvo,
debe pronunciar tu tribunal
si quieres liberarte del pasado.
Ese es un traje viejo que ya te queda chico.
Para entrar al jardín que nos aguarda
debes andar liviano
y reírte con ganas del drama emocional que te encadena.
Puntos de vista
Hay tres puntos de vista con relación a lo divino:
el que piensa a través de lo que cree,
el que piensa que no cree,
y el que cree a partir de lo que piensa.
El primero, a pesar de parecer devoto,
es en extremo impío
porque no puede desembarazarse del manto de tinieblas
que lo envuelve desde la confusión de los días.
El santo irreflexivo está literalmente
prisionero del diablo
que le canta melopeas al oído
y lo acuna como si fuera un niño.
El segundo es quien más merece amor,
porque está en la línea de combate
y corresponde homenajear a los valientes.
El último de ellos es el castillo del futuro
que se va dibujando en los escombros de la cruel Babilonia
para anunciar la segunda creación prometida en el libro.
Y tu libre albedrío
deviene de que puedes adoptar cualquiera de ellos.
Temor a dios
Te han inoculado minuciosamente el temor a dios
desde los mismos templos erigidos en su honor
por los emborrachados del poder.
Para ellos, dios es alguien que está fuera de ti
observando implacable cada uno de tus actos
para emitir después algún juicio al respecto.
Te juzgas porque te juzgaron
desde que desembarcaste en este mundo
los que fueron juzgados a su tiempo
y así fueron por generaciones
multiplicando la ignorancia humana.
Nadie te está mirando especialmente:
no eres tan importante.
No hay nadie allí espiando
y pronto a castigarte si no sigues las reglas.
Por más que busques en todo el universo
no encontrarás a dios fuera de ti.
Todo está en ti:
lo grande y lo pequeño,
la miseria y la gloria,
el criminal serial y el santo anacoreta,
el destructor y el niño, el varón y la hembra,
lo dulce y lo salado.
Eres parte de dios, del uno eterno,
porque al fin y al cabo eres el único que te está mirando
así que deberías aprender a perdonarte
si quieres aprender en esta vida.
¿Quién pudiera juzgarte si nadie te conoce,
ni siquiera tú mismo, que apenas has hurgado
en dos o tres rincones de tu mente?
La reina roja
Ella llegó desde otro mundo
con sus manos pequeñas colmadas de presentes.
Ataviada de lujos dignos de su corona
y la elegancia misma dibujada
en su rostro de niña,
derramó sobre ti el aceite sagrado
y te dio la eucaristía de sus besos
para que recordaras.
La habías amado antes.
Se habían amado antes.
Siempre la conociste
aunque la hubieras olvidado.
Ella vino a tu vida
en el momento justo,
cuando fue menester que te quitaras
el velo opaco que nublaba tus ojos
y empezaras a ver los infinitos
universos que bailan en el cosmos.
Ni antes ni después:
cuando fue necesario y estuviste
preparado para recibirla.
Ella tiene el designio de la madre de todos
y te ha elegido a ti
para que juntos siembren la semilla
de una raza de atlantes
que viajará por las estrellas.
Aguilas cósmicas
Este es el tiempo en que las águilas se reúnen
para mostrarnos la conciencia galáctica
que ellas vislumbran con sus ojos sin velo
mientras surcan los cielos con las alas abiertas.
Hijas dilectas de Júpiter,
se han despertado para transformar
las mentes de los entorpecidos
por la visión errada.
Sus plumas mágicas azules
dibujan una coreografía
de armónica belleza inigualable
para que cante el corazón del mundo.
Has engendrado una progenie de águilas
y ahora ellas te muestran el camino.
Obsérvalas. Protégelas.
Que aprendan a llenar sus propias copas
para que florezca la abundancia de todos.
Y recuérdales lo que advirtió Confucio:
que no pierdan nunca la inocencia
con que han sido creadas.
Misterio
Busca lo infinitamente pequeño
y encontrarás una frontera
infranqueable en apariencia.
Más allá de ella, sin embargo,
hay otras realidades que la ciencia
conoce con el nombre de partículas X.
Contempla lo más grande que puedas concebir
y llegarás también a una frontera
que tu imaginación estima insuperable.
Pero detrás de ella hay otra cosa
de la cual el hombre tiene el sueño
como ya ha sido dicho.
¿Por qué hay algo en lugar de nada?
Podemos conocer cómo ocurren las cosas
pero nunca el motivo primordial
que las informa en el mar del universo.
Si el pensamiento no es una forma de energía
¿pudiera acaso crear la realidad?
De hecho lo hace a cada instante
como puede fácilmente comprobarse.
Ahora es cuando
“todo lo sólido se desvanece en el aire”
y sólo disponemos de dos vías
para ingresar en tales territorios:
lo absurdo o el misterio.
Lo que llamamos vida
es una imperfección de la unidad
que fluye eternamente
en dirección a la perpetua simetría.
Escuchas
Escuchas esas voces que te amaron
llorar por el desgarro de una ausencia
que, más presente que nunca,
quema en sus corazones.
Escuchas otras voces imparciales
que ordenan estrategias de crisis
y susurran, discretas, su fatal impotencia.
Comprendes claramente lo que dicen.
Quisieras responderle a todas ellas
pero tus labios permanecen cerrados
como las puertas de la ciudad sagrada.
Te ahogas en tus aguas
y nadie puede verte bracear desesperado
entre las grandes olas sin remedio.
Silencio es lo que pides.
Una caricia, un verso, una canción,
para viajar sin miedo
hacia la patria incógnita.
La quinta nota
Cuando la quinta nota irrumpe
en el silencio de la medianoche,
vibras en armonía con todo lo que existe
porque así lo dispone tu código genético.
Perteneces al clan de la verdad
y te alienta la estrella planetaria
a refinar la flor de la elegancia
con tu oculto poder de simio saltarín.
Te deleitas con los frutos exóticos
y nunca brillas más que cuando bailas
en el círculo ígneo de la amistad humana.
No te duermas.
No dejes de buscar tus compañeros
porque sólo con ellos
hallarás el camino hacia el jardín dorado.
Humildad y soberbia
Te convocan alternativamente
para que experimentes la separación
y sientas que estás solo de toda soledad.
Cada uno tiene el desafío
de superar su propia dualidad
a fin de merecer la bendición
de volver al hogar.
Hijo del viento
Eres hijo del viento y el te guía
a lo largo de toda tu existencia
para que cumplas tu mercurial destino.
El viento es tu herramienta necesaria
si quieres esparcir semillas de tu estirpe
en las arenas frías del ocaso.
La energía que te complementa
proviene de la reina de la noche
que danza alrededor de nuestra casa
para purificar todas las cosas.
Si estás despierto,
conocerás el juego que te inspira
a trascender todas las ilusiones.
Y tu mayor maestro,
precisamente porque se te opone
y no es condescendiente con tus trampas,
es la esfera que ardiendo nos abriga.
Oráculo
Estamos a las puertas del castillo encantado.
Transitamos las vísperas de un sueño inconcebible
aunque a veces parezca que la noche
se hundirá en ella misma
como una embarcación fuera de rumbo.
Hay orden en el caos
porque coinciden las fuerzas divergentes
en un común propósito,
incluso si no fueran conscientes de tal cosa.
Estamos a las puertas
y ya podrías verlas si aguzaras la vista.
Pero debieras ser muy cuidadoso
en el último tramo del camino.
Si el joven zorro se precipitara
y el hielo en el que pisa no es seguro,
podría mojar su cola y fracasar.
Reflexión y cautela
son requisitos en tales circunstancias.
Demasiada paciencia has demostrado
en este largo viaje
para que la imprudencia te traicione
cuando está por culminar la travesía.
Imago mundi
Allí donde tus ojos miren
verán siempre el principio del cuatro
modelando la forma de la vida que fluye.
El cuatro es quien gobierna
todas las cosas en la naturaleza.
Contiene en sí el círculo sagrado,
estaciones, horizontes, apocalípticos jinetes,
apariencias de la nívea señora,
el ciclo entero del parto hasta la muerte.
Ese número organiza el universo
y los sabios que han sido
lo supìeron por los siglos de los siglos.
Cuando te abrumen los crudos estertores
de la edad de hierro que culmina,
recuerda que también se derrumbaron
los imperios que la precedieron.
Ya lo cantó Virgilio.
Ya lo anunciaron las benditas sibilas
y los oráculos de todas las culturas:
el águila dorada volará nuevamente.
Ego
Ahí esta ¿lo ves? Agazapado
detrás de las cortinas de tu condicionada
mente repleta de sandeces bien asimiladas
desde que desembarcaste en estas costas ilusorias
en las que sólo cuenta una parte de ti.
No siempre puedes reconocerlo.
Astuto prestidigitador,
intenta sorprenderte con múltiples disfraces
y ademanes por demás condescendientes
con el objetivo de desconcertarte
y enredarte en su trama de prejuicios.
No escuches sus cantos de sirena.
Déjalo que murmure sus habituales sonsonetes
y de ningún modo aceptes sus caprichos.
Obsérvalo. Vigílalo. Analízalo.
Una vez que lo tengas en la mira,
diviértete con él y dile adiós.
Girasol
Mira esa corona dorada que se abre
devotamente agradecida
a la energía estelar,
perfecta y luminosa como lo que la nutre
y exalta de armonía.
Observa el nacimiento de sus sutiles rayos
desde el centro fecundo
en el que se congregan las semillas.
Podrás ver una forma organizada
en espirales de dirección opuesta
cuyo cociente es el número de oro.
Idéntica estructura,
donde todos los ángulos se espejan
en innombrable numen,
informa a todo lo creado.
Lo que está en lo pequeño está en lo grande.
Agua y fuego
La luna la gobierna con destreza
para que nunca deje de fluir,
tal cual es su carácter primigenio,
y cumpla su misión de disolver
purificando las cosas y los seres.
Para el agua estancada,
el único remedio es el agua que corre
y libera sus mágicos cristales,
vehículos perennes de la luz.
En ella has navegado para llegar al mundo
y tú mismo no eres otra cosa
que agua en buena parte.
Cuando ella te acaricia
regresas al origen
y recuperas la esencia de este juego.
Hijo del que conduce el carro de oro,
el fuego es quien transforma
lo denso en lo sutil.
Maestro de la alquimia de la naturaleza,
consume la apariencia externa de la vida
para elevar a sagrado lo profano.
Cuando el fuego se extingue,
el único remedio es suplicarlo
a su fuente infinita
y conservarlo con pasión prometeica.
Te ofrendas a su roja hechicería
para bailar la danza del destino
y cantar la cantiga de la resurrección.
Tu imagen es el fuego sobre el agua.
Dos fuerzas que se mueven en dirección contraria
por lo que deben ser bien ubicadas
si pretendes que maduren sus frutos.
La buena inteligencia de las cosas
consiste en ubicarlas en su lugar correcto.
Cuando disciernes entre las jerarquías,
conoces el secreto
y puedes ver cada rincón del cosmos
desde el rayo que parte de tu centro.
Eclipse
La sombra de la reina encantada
te permite que veas la dorada corona
que ciñe a nuestra estrella
con una nitidez maravillosa.
El anillo magnético por el que el sol respira,
recibe y da energía,
no puedes percibirlo habitualmente
porque la misma luz que te ilumina
limita el poder de tus sentidos.
Sin embargo está allí para decirte
que todo tiene un centro del que irradia
la exacta información que necesitas.
Si la miras de frente,
si te abres a sus claros mensajes,
verás como despega tu razón razonante
del helado universo de la evidencia física.
Cualquier conocimiento verdadero
emerge de esa fuente
y se planta en el medio del corazón del hombre.
La puerta
Hoy es el día en que se reúnen los amantes
debajo del tapiz de las estrellas
a compartir los vinos y las mieses
y celebrar la eterna ceremonia.
De la sagrada copa
beben la pócima sublime
y festejan la gloria del cristal.
Hoy es el día en que la corte se congrega
alrededor del fuego,
como si dibujaran la rueda de la vida
tomados de la mano.
Hoy se alinean los astros en el cielo
para abrir una puerta prodigiosa
hacia la tantas veces presentida
Jerusalem celeste.
Hoy es el día.
Y tú has sido invitado especialmente.
